lunes, 19 de junio de 2017
poetica de aristotesles 5 al 10
POETICA DE ARISTOTELES
En el capítulo IX, Aristóteles una comparación entre la historia y la poesía. La poesía, a diferencia de la historia, no trata de decir lo que ha acontecido, sino lo que podría ocurrir, se mueve en el ámbito de lo posible. Asimismo, esa búsqueda de lo universal posible, frente a lo histórico-contingente, hace que la poesía tenga mayor dignidad filosófica que la historia.
En el capítulo XI define Aristóteles la peripecia como el cambio de un estado de cosas a su opuesto (usa como ejemplo el Edipo y Linceo); el reconocimiento, por su parte, supone un cambio de opinión en la ignorancia del conocimiento.
Dos partes de la fábula, entonces, la peripecia y el reconocimiento, representan tales incidentes como éstos. Una tercera parte es el sufrimiento, que podemos definir como una acción de naturaleza destructiva o patética, como por ejemplo los asesinatos en la escena, las torturas, las heridas, etc.
Las partes de una tragedia desde un punto de vista formal son cuatro: prólogo, episodio, éxodo y una canción coral. En pocas palabras la fábula debe ser: compleja. La forma más bella de tragedia la fábula no debe ser simple sino compleja, y que además debe imitar acciones que provoquen temor y piedad, este es el rasgo distintivo de esta forma de imitación.
En el capítulo XIV Aristóteles aborda las pasiones de la piedad y el temor, así como sus distintas formas de inducir dichas pasiones en el espectador. Pueden generarse dichas pasiones en el espectador a través del espectáculo, pero será incluso mejor si esto ocurre por medio de la estructura y los incidentes de la trama.
En el capítulo XV (caracteres) Aristóteles menciona cuatro puntos: el primero es que deben ser buenos. El segundo aspecto es la adecuación de los caracteres. En ese sentido, no es adecuado que una mujer tenga un carácter varonil y temible. El tercer carácter es la semejanza y el cuarto es la coherencia.
En el capítulo XVI se ocupa Aristóteles de los tipos de reconocimiento. El primer tipo de reconocimiento es el menos artístico, es el de los signos y las señales.
También hay otro reconocimiento que hace el poeta o reconocimiento de raciocinio. En el capítulo XVIII se nos dice que cada tragedia tiene dos partes: complicación y desenlace. Normalmente, la complicación se origina con los sucesos del inicio y el resto es el desenlace. En virtud de estos dos elementos, se pueden clasificar las tragedias en similares o diferentes, aunque en verdad Aristóteles distingue cuatro formas de tragedia: la compleja, la patética, la de carácter y la de espectáculo.
En el capítulo XXI Aristóteles explica en qué consiste la metáfora, y lo hace en estos términos: la metáfora consiste en dar a un objeto un nombre que pertenece a algún otro". La transferencia puede ser del género a la especie, de la especie al género, o de una especie a otra, o puede ser un problema de analogía. Así, en el capítulo XXII, afirma el Estagirita que la perfección en la dicción consiste en ser clara sin ser prosaica.
En el capítulo XXIV se afirma que la épica puede dividirse en los mismos géneros que la tragedia. Debe ser simple o compleja, historia de carácter o de sufrimiento. También posee sus mismos elementos, a excepción de la canción y del espectáculo. La diferencia entre la tragedia y la épica anida en el metro y la extensión. El límite de extensión de la tragedia viene dado por el período necesario para que se produzca la peripecia, mientras que en la épica la extensión es mayor; la épica tiene la ventaja de poder narrar variar historias simultáneamente. En relación al metro, la épica utiliza el hexámetro heroico mientras que la tragedia utiliza el yámbico o el trocaico. Continúa la comparación diciéndonos que en la tragedia se busca lo maravilloso, mientras que la épica deja espacio para lo improbable. Muy ilustrativa es la frase de Aristóteles que dice una imposibilidad probable es preferible a una posibilidad improbable. Según nuestro filósofo, una fábula debe dejar fuera todo lo irracional.
En el capítulo XXV se afirma que el poeta, al igual que el pintor, necesita de la representación las cosas en uno de los tres siguientes modos:
Cómo eran o son las cosas
Cómo se piensa o se dicen que so
Cómo deberían ser
Dicha imitación la hace el poeta usando el lenguaje, y su herramienta principal es la metáfora.
Dentro de los propios límites de la poesía, se dan dos errores: uno relacionado directamente con el arte, que se produce cuando no imita aquello que quiere imitar, y otro accidental, que se produce cuando tiene desconocimiento de aquello que quiere imitar.
En el último capítulo, el XXVI, Aristóteles se plantea la superioridad o inferioridad de la tragedia frente a la épica. Alguien, dice el Estagirita, podría argumentar que al tragedia es inferior pues está destina a un público vulgar que no entiende la épica, y que necesita de algo visual para poder comprender la obra. La épica, en contra, no necesita acompañamiento de gestos, pues va dirigida a un auditorio cultivado.
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